11/02/20 Día Internacional de la Epilepsia

Lo recuerdo como si fuese ayer. Guinea Bissau, Casa Emanuel. Era mi primer contacto en dicho país. Más de cien niños corrían por el orfanato. Se les veía una cara de felicidad, amor y cuidado, todo proporcionado por las hermanas Isabel, Eugenia y los demás responsables de la Casa. Había más de un niño con serias dificultades motrices, deformaciones y problemas psiquiátricos. De todos estos últimos hubo uno que captó toda mi atención. Se llamaba Mateus. Caminaba con dificultad, tenía una pierna con seria dificultad de movilidad. La boca estaba repleta de baba y muchas moscas a su alrededor. Todo su cuerpo está cubierto de heridas de quemaduras. Durante más de una hora de la lluvia diaria del clima tropical de julio, estuvimos jugando con un balón. Yo chutaba, él chutaba. No había comunicación verbal.

Al salir de nuevo el sol, él se marcho a caminar. Le pregunté a una de las hermanas, sobre lo que le había ocurrido al niño. Ella me contestó, que Mateus tenía epilepsia. Su abuelo lo mantenía en una jaula cuando ellas lo acogieron. En un ataque epiléptico, una olla hirviendo le cayó en todo su cuerpo, dejando su pequeño cuerpo marcado de por vida. En aquel momento estaba estable, ellas le proporcionaban la medicación necesaria y los brotes se redujeron.

Con esta historia no quiero nada más que hacer constancia que la epilepsia es una patología neuronal que sufren aproximadamente 65 millones de personas en todo el planeta. El 80% de las personas que presentan este trastorno suelen vivir en países de ingresos bajos o medios y la falta de conocimiento con respecto a este padecimiento ha generado discriminación y estigmatización, para aquellos que lo sufren y sus familias. Dicha creencia proviene de la edad media, donde se creía que los epilépticos eran personas que habían sido poseídas por el demonio.

Hoy el Día Internacional de la Epilepsia, desde nuestra Fundación queremos recordaros que aún hay demasiada gente que sufre las consecuencias de dicha enfermedad y que por falta de recursos, no puede ser tratada. Como siempre, una enfermedad controlada en un país desarrollado, puede ser una tortura en los países subdesarrollados.

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